Biden tiene una bicicleta Peloton, y eso plantea problemas de ciberseguridad en la Casa Blanca

La bicicleta estacionaria del presidente estadounidense incluye una tableta que permite que sus usuarios transmitan en directo o tomen clases virtuales y se comuniquen entre ellos.

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WASHINGTON — El presidente Joe Biden se mudará a la Casa Blanca y enfrentará muchos problemas de peso: una pandemia mundial. Una recesión aplastante. Injusticia racial. Extremismo de derecha.

Pero el control de peso personal del mandatario, y su rutina de ejercicios, se enfrentará a otro tipo de pregunta candente: ¿puede llevar su bicicleta Peloton a la residencia presidencial?EL TIMES: Una selección semanal de historias en español que no encontrarás en ningún otro sitio, con eñes y acentos.Sign Up

La respuesta, según los expertos en ciberseguridad, es sí. Más o menos. Pero nos referiremos a eso después.

Una Peloton, para quienes no lo saben, es tanto una bicicleta estacionaria de interior como un dispositivo de redes sociales. Son unas bicicletas caras —más de 2500 dólares cada una— y tienen tabletas que permiten a los ciclistas emitir en directo o tomar clases y comunicarse entre ellos. Cada ciclista tiene un “nombre en la tabla de clasificación”, un identificador único colocado en la pantalla junto a “output” (potencia), una medida para determinar cuán exigente es la rutina del ciclista.

Cuando Biden se enclaustró durante la oleada de coronavirus esta primavera, The New York Times informó que comenzó cada día “con un entrenamiento en un gimnasio en la parte de arriba de su residencia que contiene una bicicleta Peloton, pesas y una cinta de correr”. El equipo de Biden no respondió a las peticiones de comentarios, pero una persona cercana al mandatario dijo que Biden y su esposa, Jill Biden, participan regularmente durante las mañanas en negociaciones sobre quién va a montar primero.

Pero las tabletas Peloton tienen cámaras y micrófonos incorporados que permiten a los usuarios verse y escucharse mutuamente si así lo desean, y para Biden, ahí está el problema. Lo último que quiere la CIA es que los rusos y los chinos miren o escuchen lo que sucede en el gimnasio de la Casa Blanca. La semana pasada, Popular Mechanics advirtió sobre el riesgo de seguridad que conlleva la bicicleta con una nota titulada “Por qué Joe Biden no puede llevar su Peloton a la Casa Blanca”.

El artículo provocó una explosión de comentarios entre los usuarios de Peloton pero, en realidad, los expertos en seguridad cibernética dicen que si Biden quiere su bicicleta, seguramente puede tenerla, aunque se parecerá muy poco a la versión salida de la fábrica después de que el Servicio Secreto y la Agencia de Seguridad Nacional hayan terminado con ella. (Hay reportes de que Michelle Obama tiene una Peloton modificada, pero su portavoz no las confirmó).

Biden no sería el primer ocupante de la Casa Blanca cuyo deseo por la electrónica choque con las necesidades de ciberseguridad de ser presidente. El presidente Donald Trump burló los protocolos de seguridad de la Casa Blanca al llamar a sus viejos amigos desde su iPhone. El presidente Barack Obama insistió en llevar su BlackBerry (¿los recuerdan?) a la Casa Blanca, y más tarde quiso usar un iPad, lo que causó un escándalo en ese momento. Los expertos en seguridad encontraron una manera de que pudiera usarlo.

“La seguridad presidencial siempre se trata de equilibrar las necesidades y deseos presidenciales y el riesgo relativo de seguridad de cualquier cosa”, dijo Garrett Graff, el director de la iniciativa de seguridad cibernética en el Instituto Aspen, una organización de investigación. “La amenaza es real, pero es presumiblemente un riesgo manejable si se piensa y se prepara lo suficiente”.

Cuando Obama insistió en su iPad, marcó una tendencia.

“De repente entraba en las reuniones de la Sala Roosevelt y la gente tomaba notas en sus iPad”, dijo Jamie Smith, que fue la secretaria de prensa adjunto de Obama desde 2011 a 2014 y anteriormente dirigía las comunicaciones de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional. “Lentamente, pero con seguridad, lograron la autorización”.The Biden Administration

Antes de la pandemia, Peloton ya era popular entre algunas personas ricas que hacían ejercicio en casa, pero con la cuarentena se ha convertido en una especie de fenómeno entre la gente de cierto nivel socioeconómico. Hay tableros de mensajes de Pelotón (“Joe Biden tiene una Peloton”, informó Peloton Forum esta semana), y los instructores famosos de la compañía tienen muchos seguidores en Facebook e Instagram.

Pero Peloton no coincide exactamente con el personaje del “tipo normal de Scranton” que proyecta Biden. Se burlaron ampliamente de la compañía antes de la pandemia por un anuncio en el que una joven mujer ya en forma entraba en pánico por no cumplir con las expectativas corporales de su marido después de que le regaló una Peloton para Navidad. Sus anuncios con bicicletas estacionarias en escenarios lujosos son el blanco de bromas con conciencia de clase en las redes sociales.

La empresa, que no respondió a una solicitud de comentarios, también ha sido acusada de centrarse demasiado en las personas blancas. En un artículo de opinión para NBC News en mayo, el escritor David Kaufman, que es negro, dijo que Peloton necesita “un replanteamiento racial”, y añadió: “mis horas más segregadas se sienten como las horas que paso cada semana en mi Peloton”.

Los amantes de la Peloton no se han dejado intimidar y están convencidos de que Biden no se separará de la bicicleta.

“Nadie que esté comprometido con Peloton se mudaría y no se llevaría su Peloton”, dijo Larry Appel, un ejecutivo jubilado de Greensboro, Carolina del Norte.

Para que la bicicleta sea amigable con la Casa Blanca, habría que quitar la cámara y el micrófono de la tableta, dijo Richard H. Ledgett Jr., exsubdirector de la Agencia de Seguridad Nacional. Además, le aconsejaría a Biden que eligiera un nombre de usuario anónimo y lo cambiara cada mes, y que mantuviera la bicicleta lejos de cualquier lugar donde pudiera haber conversaciones sensibles.

“Si es el tipo de persona que pedalea y habla con la gente, eso podría ser problemático”, dijo Ledgett, que confiesa ser “usuario de Peloton”.

Ser presidente es estresante, y la mayoría en los últimos años han tenido rutinas de ejercicio. Bill Clinton salía a trotar. George W. Bush corrió hasta que sus rodillas comenzaron a molestarle, y luego se dedicó a otras formas de ejercicio, incluyendo el ciclismo de montaña en su rancho en Crawford, Texas. Obama jugaba al baloncesto. Trump practica golf.

Para Biden, quien a los 78 años es la persona de mayor edad en ser juramentado como presidente, montar una Peloton tiene sentido político, incluso si choca con la clase trabajadora. Trump pasó gran parte de la campaña del año pasado tratando de persuadir a los estadounidenses de que Biden es débil, un argumento con el que Biden acabó cuando un video de Fox News en el que aparecía montando su bicicleta por las calles de Delaware se volvió viral.

“No pensaba realmente en él como un joven enérgico, pero el hecho de que monte su Peloton para hacer ejercicio significa que tiene más energía de la que creía”, dijo Jennifer Loukissas, una empleada federal que usa una Peloton en su casa en Kensington, Maryland.

Loukissas dijo que había pasado algún tiempo tratando de discernir el nombre en la tabla de clasificación en la Peloton de Biden. “Busqué todos los Joe Scranton que se me ocurrieron”, dijo, en referencia al lugar de nacimiento de Biden. “Ninguno de ellos parecía coincidir”.

Otros, como Steven Braverman, que dirige el sistema de atención médica del Departamento de Asuntos de los Veteranos en el área metropolitana de Los Ángeles, albergan lo que saben que serán fantasías no cumplidas sobre subir a la bicicleta un día y tropezar con el líder del mundo libre.

“Sería genial”, dijo, “chocar los cinco con el presidente en la tabla de clasificación”.

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