Brasil, la entrada de la ultraderecha en América Latina

Con la victoria de Bolsonaro abre las puertas a una corriente ultraconservadora que amenaza la paz social

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Al igual que en varios países de Europa, en Brasil las corrientes más conservadoras ganaron terreno con la elección del candidato de la ultraderecha Jair Bolsonaro como presidente, pero si en el viejo continente el discurso antiinmigrante es el motor impulsor, en el gigante sudamericano el fenómeno tiene sus propias particularidades.

Bolsonaro, un antiguo capitán del Ejército, obtuvo el triunfo en los comicios con 55% de los votos, una ventaja de más de 10 puntos sobre su rival, Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT).

El representante del Partido Social Liberal es conocido por su apología de las dictaduras que gobernaron desde 1960 hasta 1985; así como por sus expresiones racistas, machistas y xenófobas.

En una entrevista radial concedida en 2016 declaró que “el error de la dictadura fue torturar, no matar” y cuando ese año la presidenta Dilma Rousseff fue víctima de un golpe parlamentario, Bolsonaro dedicó su voto al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, quien lideró uno de los mayores centros de tortura en Sao Paulo.

También causan alarma sus declaraciones contra los homosexuales: “Sería incapaz de amar un hijo homosexual. No voy a ser hipócrita aquí. Prefiero que un hijo mío muera en un accidente a que aparezca con un bigotudo por ahí… Para mí, estaría muerto de cualquier forma”, declaró en otra ocasión.

De ahí que su llegada a la presidencia sea calificada por amplios sectores como un golpe a la democracia. Son varios expertos que han tratado de explicar por qué los sectores populares se inclinaron hacia un representante de ideologías fascistas.

La analista Valeria Fariña, del periódico Resumen Latinoamericano, citó entre las causas de este fenómeno la política de olvido, la falta de memoria en un país que tuvo una de las dictaduras más largas y sangrientas y, sin embargo, no se ha juzgado a los responsables de los crímenes de lesa humanidad.

En el ascenso de la ultraderecha en Brasil un factor importante lo constituyó el papel de las iglesias evangélicas que durante los últimos años ganaron terreno en las nuevas ciudades y las favelas, allí donde hay poca presencia de la iglesia católica y del Estado. Según estimados, 22% de la población brasileña es protestante.

Bolsonaro fue presentado como el hombre capaz de restaurar el orden en un país con problemas de inseguridad y restablecer los valores morales.

Su propuesta de mano dura contra la delincuencia prevé facilitar el porte individual de armas, al igual que preconiza el presidente de EU, Donald Trump. Esta coincidencia, unida a su retórica agresiva, racista y misógina, provocó que algunos lo apodaran como “el Trump brasileño”.

Al igual que el jefe de la Casa Blanca, Bolsonaro utilizó para su campaña a las redes sociales, sobre todo Facebook y Whatsapp, con más de 120 millones de seguidores en Brasil.

Para el historiador Luiz Felipe de Alencastro, la elección de Bolsonaro es una ruptura. Se trata de la primera vez en muchos años que la extrema derecha llega al poder por medio del voto, aseguró.

Alencastro comparó la elección de Bolsonaro con victorias de políticos de extrema derecha en Europa, como es el caso de Hungría, Austria, Polonia, Italia, Francia y Alemania, pero -según él-, aunque haya semejanza, el continente europeo tiene un “marco político, económico y cultural que enmarca” esos regímenes.

En Europa el auge de los partidos ultraconservadores está ligado a su discurso contra los migrantes, a quienes culpan de la crisis y de los problemas económicos y de inseguridad. Si bien en Europa y Brasil las causas del ascenso de la ultraderecha tienen sus propias peculiaridades, sí hay coincidencia porque las ideologías más conservadoras promueven la defensa exacerbada de la identidad nacional y adoptan posiciones radicales vinculadas a prácticas antidemocráticas.

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