Documentales: Una mirada realista del séptimo arte

El Estado dominicano ha apoyado 14 obras de este género bajo la Ley de Cine

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El documental es un género cinematográfico que se ciñe a la realidad. Por lo general ofrece una mirada artística de alguna problemática social, un hecho histórico, la evolución de la sociedad o cualquier tema en particular.

La productora Johanne Gómez explica que la primera vez que se definió el documental se hizo como el tratamiento creativo de la realidad. “De alguna manera yo no separaría el documental de las películas de ficción en términos de cine”.

“Creo que lo que hace grande a un documental es lo que haría grande a cualquier obra, y es que pueda conectar y traspasar el localismo y el tiempo”, sostiene Gómez. Para el cineasta Mijail Peralta, de la Asociación Dominicana de Documentalistas (ACU), se trata de una película que sigue los hilos de una realidad de la forma verosímil y que, contrario a lo que se pueda pensar, no tiene que ser cien por ciento realidad.

“Hay un elemento que lo diferencia del reportaje periodístico: el punto de vista. Hay una mirada del documentalista que tiene un sesgo y que hace que esa realidad pase por un cedazo”.

Más allá de todas las definiciones que puedan existir del documental, República Dominicana está presentando una realidad con este género, pues en los últimos años la producción del mismo ha evolucionado. Desde 2014 hasta 2018 el Estado apoyó la realización de 14 documentales bajo el amparo de la Ley de Cine.

La titular de la Dirección General de Cine (DGCine), Yvette Marichal, señala que antes de la ley, el cine comercial ya existía en el país. “La ley no vino a apoyar el cine comercial, más bien al cine de autor y a los documentales, que no tenían apoyo”, dice.

“Luego, vemos como en 2018 se están haciendo menos comedias y abarcando otros géneros, lo que muestra un cambio en la producción de cine de nuestro país”, añade.

“Muerte por mil cortes” (2016).

Gómez explica que antes, el documental estaba muy vinculado a la televisión, como lo hacía National Geographic, que se enfocaba en la naturaleza y procesos históricos, pero hoy ya tiene un componente artístico y social mucho más amplio.

En el caso de República Dominicana, algunos realizadores trillaron el camino del documental, como el caso de Adalberto Grullón, director de “Reserva de biósfera Jaragua-Bahoruco-Enriquillo”, o René Fortunato con su serie históricas sobre el régimen dictatorial de Rafael Leónidas Trujillo Molina (1930-1961) y el represivo de los doce años (1966-1978) de Joaquín Balaguer.

Presupuesto

El Fondo para la Promoción Cinematográfica (Fonprocine), creado por la Ley 108-10, para el Fomento de la Actividad Cinematográfica, engloba dos renglones donde los documentales pueden beneficiarse: a) Desarrollo de proyectos de largometrajes de ficción, documental y animación dominicanos, y b) Producción de largometrajes de ficción, documental y animación dominicanos.

“Yo soy la salsa” (2014), documental que homenajea la leyenda musical dominicana Jhonny Pacheco.

De igual forma, a través de los incentivos del Artículo 34 de la Ley de Cine que ayuda a gestionar financiamiento a través de empresas.

De acuerdo a Gómez, el costo promedio de un documental ronda los RD$5.0 millones para los más intimistas. Las grandes productoras pueden invertir entre RD$30 y RD$35 millones. “Hoy el promedio de hacer un documental en el país no puede ser menos de 20 millones de pesos, por todo lo que ha implicado la Ley”.

De acuerdo a la DGCine, de los presupuestos aprobados para la realización de documentales entre 2014 y 2018, la cinta “Yo soy la salsa” (2014), que homenajea al músico dominicano Jhonny Pacheco, encabeza la de mayor apoyo estatal, con RD$30 millones.

Este filme, producido por Andrés van der Horst y dirigido por Manuel Villalona, cuenta grandes momentos del legendario director de la Fania All Stars que impulsó las carreras artísticas de otras leyendas, como Celia Cruz, Rubén Blades, Héctor Lavoe, Willie Colón, Cheo Feliciano, Ismael Miranda e Ismael Rivera.

“Camino a Higüey” (2016), el documental que lleva al cine la devoción por la Virgen de la Altagracia, recibió RD$24 millones. Es la ópera prima de Abi Alberto, contó con la música de Chichí Peralta, bajo la producción de Larimar Films.

“República del color” (2015) aborda las artes plásticas en República Dominicana. Su director, Héctor Manuel Valdez, utilizó un guión de la escritora Chiqui Vicioso. Contó con un apoyo económico de RD$14.8 millones. “Muerte por mil cortes” (2016), de los realizadores Jake Kheel y Juan Mejía Botero, recibió RD$13.9 millones. Este largometraje muestra la tala de árboles en República Dominicana y sus graves daños en el Parque Nacional Sierra de Bahoruco.

Pocos taquilleros

Mijail Peralta lamenta que el documental tenga desventajas al competir en taquilla con una cinta de ficción. Señala que “los documentales más vistos no compiten con las películas de ficción dominicanas más vistas. Por ejemplo, el documental ‘Nana’, de la cineasta Tatiana Fernández Geara y ‘Camino a Higüey’, del director Abi Alberto, recibieron entre ocho mil y diez mil personas; nada comparable con lo que las grandes producciones alcanzan”.

Johanne Gómez resalta que no se debe comparar el documental con las películas de ficción, pues son un género enfocado en un nicho. “Nunca aspiraría a un gran público porque de alguna manera las películas de ficción y los documentales tienen consumidores distintos”. “Si ves el cine como un producto, hay algunos que son de masa y otros de nicho y creo que de alguna manera estamos cubriendo nuestro nicho de mercado”.

Afirma que más que hablar de cantidad de público, se trata de entender que el documental se abre a otro tipo de espacio, impacta en la palestra pública, hace visibilizar situaciones, pone temas de modas en el debate y critica algunos hechos. También, mueve a la reflexión y crea archivos históricos. “Por ejemplo, a mi documental ‘Caribbean Fantasy’ fueron como 800 personas a las salas, eso es fuera de los festivales y las muestras”.

Con relación al apoyo por parte de la DGCine, Gómez señala que aún hace falta un marco que englobe el tema de la exhibición y la parte del desarrollo. La cineasta destaca que para que las películas sean vistas necesitan ser promocionadas y es fundamental la inversión en marketing. Los festivales también sirven de gran apoyo para la promoción de los documentales y las plataformas digitales, como Netflix, que tienen una alta oferta de este género en su catálogo.

El analista y productor de cine Humberto Almonte explica que las nuevas generaciones de documentalistas se enfrentan a enormes retos, no solo en el campo estético sino en la exhibición y distribución.

Además, una baja penetración de sus trabajos en las audiencias, porque no reciben las mismas oportunidades que sus hermanos creativos del género de la ficción. “Una promoción eficaz del documental pasa por proveer mayores facilidades para la producción, distribución y exhibición.

Las salas de cine no pueden ser los únicos lugares de visionado, además es necesaria una mayor frecuencia en la colocación en canales de televisión e instituciones académicas y culturales que aseguren llegar el material a la mayor cantidad de personas posibles”, afirma.

Almonte destaca que, al evaluar este género se debe mirar en igualdad de condiciones el documental en corto, cuyo compromiso con la realidad ha dado muestras tan interesantes como “Liborio” (2017), de Oscar Pérez, sobre este personaje histórico de la religiosidad popular dominicana, o “Tierra, arroz y sudor” (2018), donde Mariel Aponte señala las crudas condiciones de la explotación laboral infantil.

“Una mirada actualizada sobre el documental dominicano y sus hacedores, arroja como resultado niveles elevados de expresividad y calidad estética que pueden sobrepasar a muchos trabajos de ficción, aunque enfrentándose a fuertes obstáculos y sin la recompensa del glamour luminoso de aquellos”.

Cine ambiental

En septiembre se realizó la Muestra de Cine Medioambiental Dominicana (DREFF, por sus siglas en ingles) y contó con más de 35 películas, documentales y cortometrajes nacionales e internacionales.

Durante octubre dos documentales sobre el medio ambiente llegaron a las salas de cine dominicanas.
El primero “Cacú: un cambio por la vida”. Un trabajo fílmico escrito y dirigido por el fotógrafo Marvin del Cid sobre el cambio de cultura de unos depresadores de nidos de tortugas marinas y el documental “Isla de plástico”, del director José María Cabral y la productora Nashla Bogaert.

Asociación Dominicana de Documentalistas

La ACU agrupa a casi 50 profesionales de todas las áreas cinematográficas con un interés en el género. “Hemos colaborado con el Cinema Foro, y en un mes hemos copado la agenda, este año llevamos cinco documentales con la temática migratoria y fue bastante exitosa”, cuenta Peralta.

Destaca que ACU busca garantizar un espacio para la creación documental, que es un cine que no siempre se lleva todos los honores que merece y el apoyo que debería. Durante octubre la asociación estuvo realizando la muestra Doctubre, con una selecta y actual programación de documentales que forman parte de la plataforma internacional de proyecciones del DOCSMX, Festival Internacional de Documentales de la ciudad de México.

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