El homeschooling, una opción educativa que gana espacio con la pandemia

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    Cuando Dimary Peña decidió considerar, hace tres años, una alternativa de formación docente para sus hijos fuera de las aulas de las escuelas públicas o de los colegios privados del sistema de educación tradicional, recurrió al homeschooling pensando que sería la primera en hacerlo en República Dominicana.

    Lo mismo había pensado Esperanza Benítez cuando en 2016 decidió retirar a su hijo del colegio para encargarse de su educación.

    Pero la sorpresa de ambas madres fue encontrar que ya había familias dominicanas que aprovechaban esa modalidad de educación desconocida para muchos, pero que cada día gana más espacio, sobre todo luego de la pandemia del COVID-19 que impone el aislamiento social como una ventaja para evitar los contagios por coronavirus que la provoca.

    La enfermedad, provocada por el coronavirus SAR-CoV-2, obligó a las autoridades nacionales a cerrar los planteles educativos para evitar los contagios que ya alcanzaron a más de 10 millones de personas en el mundo. Como alternativa, la docencia se mantiene por la vía virtual apoyada en aplicaciones como Zoom o WhatsApp, algo que, tanto Peña como Benítez, enfatizan en que no es igual al concepto homeschooling que aplican en sus hogares.

    ¿Qué es?

    El homeschooling, que en español se traduce como educación en casa o educación en familia, consiste en una modalidad en la que el diseño curricular y las horas de docencia del niño se realizan en el hogar en compañía de los padres.

    “No es lo que se hace hasta ahora con los niños en este proceso de pandemia”, aclara Peña. “La gran diferencia –explica– es que, en lo que hemos estado haciendo siempre está la institución, que es la que ha estado dirigiendo el currículum e implementándolo, mientras en la casa, los padres ejecutamos lo que la institución disponga, sea en la escuela, de manera presencial, o vía online”.

    En la modalidad homeschooling, sin embargo, el padre entra de lleno en la elaboración del currículum que se diseña en función de las habilidades del niño, detalla.

    Para salvar las debilidades que puedan tener los padres en términos de pedagogía o dominio en algún contenido de formación básico, se apoyan en guías y tutoriales que instituciones homeschooler facilitan.

    Las instituciones homeschooler o sombrilla, reconocidas en países como Estados Unidos, Chile y Honduras, dan seguimiento a las familias y les facilitan el material didáctico. El padre o la madre deberá inscribir en una de ellas a su hijo para poder obtener la certificación de que ha cursado el programa educativo y se le reconozca en su país de origen (en este caso República Dominicana), en donde al niño se le asume como un estudiante extranjero.

    Una ventaja que destaca Peña es que puede diseñar el contenido docente en función de las habilidades de cada uno de sus cuatro hijos. “En lugar de tener un niño con 20 compañeros distintos a los que se les imparte una educación estandarizada, en el homeschooling se adapta la educación a la necesidad del niño y se le trabaja desde su estilo de aprendizaje, ya sea auditivo o visual”.

    Luis, el hijo de Esperanza Benítez realiza una de sus tareas de matemáticas en la casa.

    Más económico

    Esperanza Benítez, quien forma parte de una comunidad de 28 familias que aprovechan el homeschooling, se decidió por esa modalidad porque notaba que su hijo presentaba en la escuela un comportamiento distinto al de la casa.

    “Estados emocionales que cambiaban mucho, con mucha carga académica”. Ella pagaba una educación privada que entendía debía ser acorde a su hijo, pero era el infante quien tenía que adaptarse al contenido.

    “Yo hago tratamiento biomédico con él. Es alimentación limpia: sin azúcar, sin aditivos, sin colorantes y el colegio lo sabía, pues le llevé exámenes de porqué lo hacía. Pero en el colegio no respetaban eso, porque no creen (en la alimentación que debía llevar). Y está bien que no crean, pero deben respetarlo”, comentó.

    Su hijo, ahora con 16 años, lleva ya cuatro fuera de las aulas y la madre destaca que su comportamiento y estado de ánimo han mejorado bastante.

    Para quienes están haciendo educación en casa existe también la ventaja del ahorro en colegiatura, comparado con las tarifas de muchos centros privados. En un sondeo de tarifas en colegios de clase media, los precios varían entre los RD$65,000 y RD$197,000 al año.

    “Con lo que yo pagaba un mes, pago todo el año. Ellos te ponen los libros y te sale como en 1,900 dólares con todo, incluido el envío de las certificaciones que puede costar unos 350 dólares”, afirma Benítez, quien paga 850 dólares por las clases de todo un año.

    Mientras que Peña, dice que “con lo que pagaba la colegiatura de uno de mis hijos, ahora pago el plan de estudio de los cuatro y me queda dinero”. Al año paga unos 1,200 dólares a la institución homeschooler que le suple el material didáctico y la asesoría, aunque destaca que existen centros que ofrecen ese servicio gratis, con el mismo nivel de calidad.

    Dada su experiencia ya en esta modalidad, Peña decidió crear GP.homeschooling una empresa de asesoría a otros padres que desean hacer la migración de las aulas. Dice que la cantidad de personas que constantemente le contacta para preguntarle “es altísima”, sobre todo luego del COVID-19. Pero su sorpresa es que muchos de los padres que la llaman habían considerado el homeschooling antes de que llegara la pandemia.

    “La mayoría de los que me han abordado para solicitar ayuda y guía fue porque se han visto impulsados por el COVID-19 pero ya lo habían pensado antes. Pensaban en la idea y por falta de información no se lanzaban”, manifestó.

    Entre las razones que expresan para querer retirar a sus hijos e hijas de la escuela está el tema del bullying, o porque no encontraron la inclusión que les prometía el centro. “Nunca hubo tal cosa, en el colegio te dicen que lo es (inclusivo), pero si un niño les da problemas, lo excluyen”.

    Otras razones están vinculadas a la fe, padres que quieren una educación cristocéntrica, como el caso de Peña y Benítez, o que quieren evitar la influencia de otras personas en sus hijos, dado la exposición que se da en la escuela.

    También porque tienen hijos con condiciones especiales a los que se dificulta trasladar hasta un centro educativo.

    Dos niñas durante la jornada de clases en su hogar.

    ¿Qué pasa con la socialización?

    Ambas madres están convencidas de que la sociabilización en la escuela no existe como entienden debe ser. Conscientes de que es necesario para el desarrollo integral, los programas de educar en casa incluyen horas para que el niño haga vida en sociedad con otras personas, que pueden ser actividades extracurriculares de trabajo social, deportes o recreación.

    “La socialización del colegio no es per sé, sino impuesta. El niño no elige con quien juntarse y esa socialización suele ser negativa, porque no la eligió y a veces está con otro (niño) que no tiene los mismos intereses, se hacen grupos y tienden a atacarse. Es donde suele surgir el tema del bullying y se dan dinámicas que los niños a veces no comparten con los padres, por temor”, expone Peña.

    Prefiere que sus hijos socialicen, pero con grupos que ella haya filtrado, donde haya un ambiente de construcción y no se maltraten unos con otros. “Yo tengo cuatro y la experiencia que recibí (en el colegio) fue más negativa que positiva en los cuatro, porque para un niño, tener que socializar con otro niño que no le acepta, es difícil”. Cree que las personas están siendo dañadas por una socialización impuesta, sobre todo los niños, cuyas mentes considera “muy frágiles”.

    Regulación

    Esta modalidad educativa no está normada en el Sistema Educativo Dominicano regulado por el Ministerio de Educación”, responde María Rodríguez, directora de Programas de Educación Especial del Ministerio de Educación (Minerd), al ser cuestionada sobre el homeschooling. “Lo que es el homeschooling no está regulado, por tanto, no es reconocido por el Ministerio de Educación”, reitera.

    Rodríguez explica que el padre que opte por ese modelo tiene que estar inscrito en un colegio en Estados Unidos (u otro país) y luego, tiene que hacer la convalidación de las materias. El estudiante que, por ejemplo, quiera volver a estudiar en el país, deberá tomar las pruebas nacionales, pues es parte de la normativa nacional.

    Contrario ocurre con la educación virtual, que sí se aprobó mediante la Resolución 03 -2020, emitida por el Minerd, la cual establece la conclusión del Año Escolar 2019-2020 y esboza el inicio del 2020-2021.

    “La modalidad que el Minerd utilizó a raíz de la pandemia fue la virtual, a través de www.enlinea.minerd.gob.do, creada para continuar el proceso de aprendizaje de todos los estudiantes. En dicha plataforma se encuentran contenidos que permitían al estudiante fortalecer su aprendizaje”, señala Rodríguez.

    Para el seguimiento de las clases, el Ministerio utilizó varios medios, como la plataforma de grupos de WhatsApp, llamadas telefónicas y la entrega de cuadernillos de asistencia a las familias. También desarrolló el programa Agenda Educativa- Edición Especial, que incluyó la elaboración de videos y guías informativas con contenidos de apoyo conductual, emocional y pedagógico, detalla la funcionaria.

    Esperanza Benítez recuerda que desde 2016, cuando empezó a incursionar en el homeschooling con su hijo, acudió tanto al Minerd como a la Presidencia de la República buscando que las autoridades reconocieran la modalidad en el país.

    Pensó que podría ocurrir como en Chile, en donde los que se deciden por educar a sus hijos en casa o en escuela libre, como también le llaman, están matriculados en el sistema educativo regular, y solo tienen que cursar un examen de fin de año en la escuela más próxima.

    “Allí le facilitan el programa docente a las familias que pueden optar por él o por otro internacional, pero además verifican el grado de escolaridad de los padres, para asegurarse de que puedan hacer un asesoramiento adecuado a los niños”.

    Su exhortación no fue acogida. “Me dijeron que no era el momento, que trabajaban con aulas de recursos, pero eso no funcionaba, eso era segregación, no inclusión. Ahí están todos juntos, los que tienen educación inclusiva, aparte de los demás, aun así, hay personas que no tienen acceso a esos lugares”.

    Otra excusa que recuerda le dijeron entonces era que había que modificar la Ley de Educación para incluir esa modalidad. Para seguir adelante con su decisión de encargarse de educar a su hijo, Benítez se apoyó en el principio constitucional que permite todo aquello que la ley no prohíbe.

    La Ley General de Educación (66-97) plantea que la familia, primera responsable de la educación de sus hijos, “tiene el deber y el derecho de educarlos”. También, que “libremente, decidirá el tipo y la forma de educación que desea para sus hijos”. Establece también la libertad de educación como uno de los principios fundamentales, bajo el amparo de la Constitución.

    El día a día de educar en casa

    Guiada por el programa que le proporciona la institución sombrilla en la que están inscritos sus hijos, Dimary cumple una rutina que empieza con los deberes de la casa que los niños deben cumplir antes de integrarse a la jornada educativa. En un área que han destinado para ello, cuentan con los materiales educativos, y allí deben conectarse en línea con la referida entidad para ver videos y tutoriales con el contenido del día.

    “Ellos hacen sus videos y eso toma de dos a tres horas diarias. Una o dos veces a la semana integramos una actividad fuera de casa. Por ejemplo, ir al Jardín Botánico, al museo, al Zoológico, para incorporar una parte práctica donde puedan relacionar con la realidad lo que aprenden”. En las tardes se agregan las actividades extracurriculares, pues sus hijos practican deportes, además de labor social dentro de la iglesia.

    “He ido adaptando cosas y no tiene que estar (su hijo) cuatro horas encerrado en un salón”, comenta por su parte Benítez. “Se hacen actividades diferentes, si quiere leer en el piso, nos sentamos, hacemos actividades que cumplan un objetivo académico sin que sean aburridas y que aprenda a través de juegos. Si debemos irnos al Botánico y luego hacer una narración, se integra la escuela al mundo, a su entorno. Es aprendizaje divertido y diferente, él lo disfruta mucho”, sostiene.

    Conciliar la tarea con el trabajo

    Para asegurar el cumplimiento de los objetivos educativos, los padres deben estar presentes en la dinámica. ¿Cómo se logra cuando los padres trabajan?

    Algunas familias suelen contratar un personal para que se encargue, pero Benítez y Peña, que se ocupan al cien por ciento de las clases de sus hijos, entienden que lo ideal es que uno de los padres esté presente para lograr los resultados buscados.

    “Entiendo que no es lo ideal, porque uno le da la educación que uno quiere. Homeschooling no es traer la escuela a la casa, sino es un estilo de vida, que uno conecta más con tu hijo”, expone Benítez, a quien su condición de pensionada le permite dedicar su tiempo a la jornada educativa.

    Para ella, ese modo de educar no es para todo el mundo. “Las familias deben evaluar bien, ver si se adapta a su hijo y a su familia, porque hay pros y contra. Por ejemplo, el tiempo propio que se ve limitado porque hay que dedicar tiempo a planificar las clases y el desarrollo. Son muchas situaciones que se tienen que poner en la balanza”, dice Benítez, quien se desempeña como terapeuta.

    Peña, por su lado, trabaja de forma independiente y con un horario vespertino que le permite estar presente en la supervisión de las tareas educativas.

    Razona que en casos de familias que ambos padres trabajen, podría considerarse que uno haga teletrabajo o incluso desemplearse, tomando en cuenta que tendrían un gasto menos al ahorrarse la tarifa del colegio.

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