Por qué deberíamos culpar a las “fallas de diseño” del cuerpo humano por la mayoría de las dolencias comunes modernas

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Un nuevo libro del prestigioso biólogo norteamericano Nathan Lents explora las fallas de diseño del cuerpo humano que han llevado a que, luego de un largo proceso evolutivo, hoy tengamos huesos que no cumplen función alguna o presumamos de lo que se conocen como “genes rotos”.

Titulada “Los Errores Humanos”, la obra de reciente publicación realiza una recorrida iluminadora y a la vez, accesible para cualquiera, sobre las imperfecciones físicas que nos hacen humanos.

El autor asegura que, por más que nos guste vernos como las más grandes creaciones de la evolución, en realidad sufrimos de una variedad de dolencias, desde problemas en las rodillas, resfriados recurrentes y un código genético repleto de información que no tiene uso alguno, que son símbolo de que somos menos perfectos de lo que creemos.

En su libro, Lents explica que nuestra historia evolutiva no es más que una letanía de errores cada uno más iluminador que el anterior, algo que convierte al cuerpo humano en “una enorme acumulación de compromisos” pero que también debería ser visto como un “testamento de nuestra grandeza”, dado que el autor asegura que los humanos tienen tantas fallas de diseño precisamente por su habilidad de sortearlas y sobrevivir con ellas.

El experto asegura que el principal problema radica en que la selección natural se da por medio de mutaciones al azar, las cuales en la mayoría de los casos distan de ser útiles para el hombre. Durante millones de años nuestra especie ha sido moldeada, no por un plan meticulosamente diseñado, sino por una sucesión de simples pruebas y errores.

El experto señala a las retinas humanas como uno de los máximos exponentes de dicho fenómeno. La compleja estructura está formada básicamente por varias capas de neuronas interconectadas mediante sinapsis. Pero lo más llamativo es que su complejo diseño “condena” al hombre a sufrir de miopía o hipermetropía debido a que los globos oculares son naturalmente deformes.

“Suelen ser demasiado largos o demasiado cortos, pero generalmente tienden a ser más largos de los que deberían lo que genera la miopía. No existe una buena explicación evolutiva para justificarlo”, aseguró Lents.

El libro también explora el fenómeno detrás de los recurrentes resfriados o casos de sinusitis, algo que los animales casi no se ven obligados a padecer. ¿El motivo detrás? Los pasajes sinusales en el hombre fueron “instalados” básicamente de forma invertida.

Cuando funcionan correctamente, estos sirven para drenar la mucosidad con la ayuda de pequeñas estructuras llamados cilios. Pero, a diferencia de lo que indica la lógica, en vez de drenar de arriba para abajo, lo hacen de forma inversa, lo que genera la acumulación de mucosidad y su consecuente manifestación en resfriados o gripes.

Lents también señala que, sorprendentemente, los seres humanos están diseñados para comer respirar por el mismo “tubo angosto”, algo que obviamente no representa el diseño más eficiente. “Cerca de 5 mil norteamericanos murieron en 2014 tras atorarse, en la mayoría de los casos con comida. Si tuviésemos aperturas diferentes para comer y respirar esto no sucedería”, alertó.

Incluso Lents no duda en afirmar que, pese al proceso evolutivo, el hombre no ha sido diseñado para vivir erguido. “La mayoría de las articulaciones y huesos han evolucionado lo suficientemente bien para mantenernos erguidos, pero realmente nunca terminamos el proceso evolutivo hacia una postura erguida”, aseguró Lents.

El autor señala que la curvatura natural de la espina dorsal en forma de “S” es una evolución de la forma en “J” de cuando el hombre todavía era un cuadrúpedo, pero la forma ideal debería haber sido algo más parecido a una “I”. “Sufrimos dolor en la espalda baja mucho más que cualquier otro simio en parte debido a que tenemos esta curvatura marcada al final de la columna”, compartió Lents.

El autor asegura que, si bien hoy día las leyes prohíben modificar los genes a nivel embrionario, en un futuro cercano muy seguramente podamos realizar modificaciones genéticas desde una etapa temprana para poder solucionar algunos de los problemas que aquejan a hombre.

Tratamientos con células madre, terapias genéticas y otros “milagros” de la medicina moderna podrían convertir al hombre en un ser cuasi inmortal, capaz de incluso tener la capacidad de conquistar nuevos horizontes.

El recorrido literario de Lents a través de más de mil millones de años de evolución humana es ampliamente informativo y celebra, al mismo tiempo, nuestras imperfecciones como el camino hacia una superación constante.

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